martes, 20 de febrero de 2007

Los desfases hieráticos de cuerpo y alma

Ay, qué horrible puede llegar a ser la mezcla de café e insomnio... Al final estoy usando el blog para hacer tiempo mientras éste último se decide a desaparecer, algo que últimamente se demora demasiado, como antaño. Mi cuerpo parece llevar un horario diametralmente distinto al que debería emplear para amoldarse a las exigencias de la rutina y al ritmo de vida local, y eso me lo estoy tomando como una señal, una sugerencia incluso. Parece querer desvincularse de dicho entorno y se ha autoajustado a otro, situado unos cuantos meridianos más hacia el oeste, así por las buenas. Tengo jet lag sin haber salido de casa. Qué cosas... No sé hasta qué punto esto puede afectar al día a día, pero el caso es que hoy me han dicho algo que ha removido mi conciencia y desconozco si se puede deber al desajuste cognitivo de mi soporte carnal. Hoy alguien me dijo que siempre tengo la misma cara, y al no haber solicitado aun los matices sobre esta afirmación tan superflua como demoledora me siento intrigado respecto a si será verdad. Afortunada o desafortunadamente -no sé cual- no puedo verme el gesto las veinticuatro horas del día, y el ser algo esquivo a los objetos especulares me impide colocarme uno frente al rostro durante tanto tiempo. En cualquier caso, me gustaría probarlo, grabarme la cara un día entero y pasarme el siguiente víendome con un jet lag tan desmesurado como el que padezco. A buen seguro mi faz variaría constantemente al comprobar los resultados. Sería un extrañísimo ejercicio de autoanálisis verme en un espejo sometido a la diferencia horaria, como si el yo que contemplase no fuese el del día anterior, sino más bien el que sería varías franjas terrestres más a la izquierda, igual pero distinto, un alter ego tal vez más feliz que el ego gracias a estar donde al parecer habría de estar. ¿Una visión del pasado en el presente que en realidad es una visión del futuro? También lo desconozco, hoy en día si algo me es inherente, eso es la incerteza absoluta, y todo apunta a que sólo el paso del tiempo ira desvelando el porvenir. Pero qué diablos, en el fondo todo es coyuntural. De todos modos investigaré para ver si mi expresión es tan monótona, y espero que no sea así, porque eso me convertiría en una especie de autómata, y los aborrezco con toda mi alma desfasada. Odiaría parecer un busto, siempre con el mismo semblante, y deduzco que se trataría de uno no demasiado elocuente o expresivo. Además, sólo te hacen un busto cuando te has muerto, lo que sería una pésima señal y un hurto desproporcionado, pues apenas tengo más posesiones apreciadas que la vida. Creo haber descubierto otro miedo más, un nuevo temor: ahora también tengo pánico al hieratismo, y aunque el aspecto de la realidad sólo suele invitar a componer un gesto de proverbial indiferencia, soy de los que piensan que al mal tiempo buena cara. Mientras tanto, sálvese quien pueda...

viernes, 16 de febrero de 2007

Ministros, ministras y otros animales

Bueno, después de dos semanas sin pasarme por aquí observo que esto sigue en orden: desangelado y desértico. He pasado más de un mes amorrado a los apuntes y todo apunta a que ha sido en vano, para mi desgracia, pero en fin, tras largos días de estudio he vuelto para dar guerra, me veo con fuerzas hasta para hablar de política, aunque sólo lo haré de refilón. Me ha motivado a ello el reciente comienzo del juicio por los atentados de aquel largo día once; no sé, esa vitrina llena de gente parece más bien una pecera repleta de pirañas, una jaula de buitres, y resulta curioso ver como todos agachan la cabeza cuando los familiares de los asesinados les miran desde fuera. Entonces ponen ojos de cordero degollado y vuelven a cambiar de forma, pero siguen siendo eso, animales, aunque ahora todos alegan ser inocentes. Siempre lo digo y lo seguiré diciendo: todo lo que sale por la boca de un político me suena a mentira putrefacta, así como toda declaración de un asesino. No sé si unos u otros andan metidos en el ajo -seguramente los dos-, y como va quedando menos para las elecciones generales ambos parecen querer quitarse de encima algunas culpas para volver a ganar o no volver a perder al menos. Me recuerda unos versos de Lorca que dicen: Y que el mar recordó de pronto los nombres de todos sus ahogados... Ese repentino retorno de la memoria está basado en el interés, no me cabe duda, y es pura pantomima, porque redundando un poco, me consta que el único interés que les interesa es aquel emitido por bancos y cajas de ahorro. No, no confío en la justicia lo más mínimo, es la verdad, y menos ahora que nos acaban de cambiar el ministro. No conozco al nuevo pero apenas me inspira nada bueno. Me parece absurda la manía de tener tantos ministros como ministras; tal vez había una mujer mucho mejor preparada para asumir el cargo, pero con tal de no perder la proporción parece ser preferible enchufar a alguien con menos capacidades para ejercer. Si el presidente quiere paridad genérica en el consejo de ministros debería travestirse y aparentar ser mujer durante la mitad de la legislatura, para dar ejemplo. En fin, mejor dejo el tema porque me da nauseas mancharme lo dedos escribiendo de política. A estas horas lo mejor es horizontalizarse y consultar con la almohada qué hacer el resto del día, aunque yo apenas entiendo a la mía, pues es de Ikea y mis conocimientos de sueco son nulos, pero ella y yo dominamos el lenguaje universal del sueño, y así nos comunicamos. Buenas noches...

viernes, 2 de febrero de 2007

Suegras y avestruces

Hace poco leí que había comenzado el juicio por un asesinato cometido a principios de siglo, y hasta aquí todo normal, ya sabemos que ésta, nuestra “justicia”, suele ser lenta cual tortuga maniatada; lo curioso del caso reside en el modus operandi del asesino. El hombre, con su medio siglo largo a cuestas, dormía profundamente cuando se levantó para cometer su tropelía -valiente contradicción-. Fue un ejercicio de parasomnia, según los expertos, un trastorno del sueño que engloba cuatro tipos, de los cuales este individuo eligió un poco de cada uno sin darse cuenta, aunque en mi opinión todo suena a burda excusa, a un montaje. Según él, soñaba que dos avestruces le estaban atacando ferozmente, y claro, presa del pánico, tuvo la idea de enarbolar un hacha y un martillo para defenderse. La mujer y la suegra salieron a su paso, asustadas supongo por el trajín nocturno, y él, en pleno éxtasis aniquilador, acabó con ellas pensando que eran los enormes pajarracos. Lo que me hace sospechar de su verdadera intención es la presencia de la suegra, a quien seguro deseaba dar muerte; la esposa fue un daño colateral, una mártir de la buena causa, es decir, se la cargó para disimular, o quizá, una vez puesto en marcha, pensó que no era tan mala idea matar dos pájaros de un tiro, nunca mejor dicho. A las suegras se las suele comparar con otro tipo de aves, como grullas o pájaros de mal agüero, o incluso con especies de otras ramas, desde zorras hasta víboras, pero... ¿avestruces? Aunque es cierto que a veces se deben tener unos huevos como los de estos animales -u ovarios, seguramente bastante grandes también- para soportar a una suegra. De hecho, el Tribunal de la Rota Romana acaba de incluir a las suegras como motivo fehaciente y suficiente para un divorcio, y si lo dicen ellos es que los topicazos son ciertos. Volviendo al uxoricida-avicida, tras tumbar a las dos mujeres decidió dar buena cuenta de sus retoños. No especificó si también los confundió con avestruces o si pensó que eran pollos de corral, pues atacó con menos ímpetu y, por suerte, la hija sólo sufrió heridas y el hijo logró arrebatarle el hacha. Acto seguido, se defenestró, bien para suicidarse o para huir volando -¿se creería también un pájaro?-, pero aterrizó sobre un coche y sobrevivió. No sabemos cómo se solventará el juicio, si los descerebrados que tomen la decisión creerán una milonga tan pueril y lo dejarán ir, como pide la defensa, o si lo enchironarán. Espero sea lo segundo. También no hace mucho, condenaron a una joven a seis meses de cárcel por arrancarle media lengua a su novio de un mordisco, y ahora el pobre no puede emplear ciertas consonantes, dentales y palatales principalmente. Supongo que romperá con ella, aunque la quiera, porque las discusiones serían imposibles -mira que nos encanta discutir con la pareja- sin poder pronunciar cosas como: ¡Tu madre es un avestruz de mierda!

miércoles, 31 de enero de 2007

Londres: un destino menos

Por fin, tras muchos años, he tenido la oportunidad de conocer la afamada ciudad del Támesis. Ciertamente, no me ha decepcionado, tal vez un poco el Big Ben, que en fotos me parecía algo más monumental y cuando lo tuve delante lo concebí como una mole demasiado terrenal, aunque no por ello exenta de beldad arquitectónica, de noche sobre todo. En cuanto se iba el sol -tuvimos esa extraña suerte, ausencia de lluvias y bastantes horas con el astro rey sobre nuestras cabezas- la ciudad se sumergía en una curiosa atmósfera de misterio, cambiaba de cara. De día estaba espléndida, impoluta, especialmente cuando los rayos solares la bañaban, y de noche dejaba un poco de lado el trasiego y la agitación. Según vimos, la vida nocturna de los londinenses no es demasiado convulsa; el último día, a eso de las once, nos fue imposible encontrar un pub abierto en el que tomarnos unas pintas de despedida. Una pena, como también lo fue haber dejado de visitar algunos lugares emblemáticos como Trafalgar Square o Piccadilly Circus, pero que subsanamos con una estupenda caminata de varios kilómetros, la mayoría de ellos recorridos junto a las orillas del Támesis, río que, por otra parte, no me transmitió toda la inspiración que esperaba extraer de él. Tal vez lo peor de esta grata visita fueran los lugareños, tan hieráticos y fríos, impersonales, tan ingleses, vamos. No sabría decir si destilan esa gelidez y apatía porque se las ha contagiado la ciudad, o si la propia ciudad es a veces tan grisácea y sombría porque se lo han pegado los habitantes. Misterios de la vida. Alguien debería decirles que no cuesta tanto sonreír o manifestar algún sentimiento de cercanía, aunque sea por pura educación. Curiosamente, quien más amable se mostró con nosotros fue un mendigo que vimos día tras otro en las cercanías del hotel. Nos lo cruzamos nada más bajar del autobús, y tras asustarnos un poco por su aspecto menesteroso y la zona poco iluminada tuvimos una extraña revelación: aquel hombre era una viva y deteriorada imagen del malogrado Benny Hill. Tuvimos que desechar la forma conocida del orondo humorista, pues el resucitado estaba famélico y cubierto de harapos, escondido tras un generoso y descuidado mostacho. ¿Será un mito su muerte, y ahora practica la mendicidad en el centro de Londres? El caso es que justo antes de marcharnos, en la estación, nos saludó e incluso nos dedicó alguna palabra en un español paupérrimo, pero jovial. Esto atenuó un poco la mala imagen que habíamos formado sobre sus conciudadanos, aunque sólo lo hiciera por un intercambio de peniques, de nuestras manos a las suyas, pero no me voy a entrometer en las motivaciones de cada uno para ser amable y cortés. No dejó de ser una anécdota curiosa; el más educado de toda la ciudad era aquel desarrapado y gentil sintecho, o quizás todos los pobres de Londres fuesen las mejores personas de la zona, o cuanto menos las más afables y cordiales. Respecto a esto, nos llamó poderosamente la atención que en las repisas de los escaparates y soportales hubiese hileras de pinchos para evitar que se acomodasen sobre ellas dichos personajes, condenados por las autoridades a convertirse en faquires. Ahora me pregunto si el responsable de esto lo hizo para erradicar la pobreza -o al menos ocultarla un poco- o para castigar la buena educación. Son peculiares, desde luego, estos ingleses. Como vimos, todos tenemos lo nuestro, en cualquier parte de Europa y del mundo. Es absurdo intentar ser perfecto, no parece merecer la pena. Fue una gran escapada de fin de semana y resultó agradable compartirla, si bien echamos de menos a quienes no pudieron sumarse a la expedición. Pero bueno, la vida es larga y hay tantos sitios para visitar que jamás los conoceremos todos. La próxima huída seremos más.

martes, 16 de enero de 2007

Edades improbables

Cuando era un niño me imaginaba el futuro como algo improbable, un suceso que sólo afectaría a los demás, si bien pensaba en él con la retórica típica de cualquier alma cándida. Aquello de “cuando sea mayor...” eran simples palabras vacías, carentes de esencia, se decían por pura imitación o inercia, para ser uno más elucubrando sobre un porvenir latente. Haciendo memoria, no conozco a nadie que haya cumplido su sueño de ser astronauta, inventor, futbolista, catador de dulces y demás quimeras -aun es pronto, pero pocos están en el camino de su sueño infantil-. Resultaba sumamente complicado incluso imaginarse a esta edad. Ahora, por alguna razón que escapa a la mía, consigo recordar mi modo de pensar cuando era un tierno imberbe, mis cánones y patrones a partir de los cuales desgajaba el mundo exterior, el modo de regirme y gobernarme, la percepción de una vasta realidad demasiado distante por aquel entonces. Hoy día puedo rescatar algún vestigio de esos años, cuando la ignorancia nos mantenía dentro de los límites de la felicidad, en parajes tan maravillosos como efímeros, pero me sigue costando horrores imaginarme en el futuro. Tendemos a obviar los pasos inmediatos de nuestra existencia para recrearnos en los siguientes, aunque ahora el que me fascina es el último, la senectud, pues la madurez y la talludez se me pueden antojar cercanas incluso, o cuanto menos similares a estas épocas, pero la vejez es algo ignoto y verdaderamente lejano. A veces actúa como acicate para seguir adelante -sí, es una extraña motivación-, es un estado al que llegar será un logro, el final. Si concibo la vida como una navegación, con una excesiva tendencia a estar a la deriva, la tercera edad la entiendo como el puerto donde atracamos o la playa donde quedamos varados y languidecemos -hay muchos modos de llegar a viejo, algunos terroríficos-, pero en cualquier caso un lugar donde estamos estancados y de verdad tenemos tiempo para ser humanos, reflexionar sobre los rumbos tomados en el pasado, hacer acopio de sabidurías y demás delicias a las que ahora no podemos dedicarnos. Tal vez sea una de las pocas cosas buenas de este periodo. Si alcanzo dichas edades, me pregunto cuándo empezare a considerarme un anciano, un ser expuesto a la senilidad y el abandono, las fieras de todo hombre. Según dice Gabriel García Márquez, un hombre comprende que está envejeciendo cuando se mira al espejo y ve en su rostro la cara de su padre. Algún día lo haré, me plantaré frente al espejo, pero para intentar reconocerme a mí mismo y no a mi progenitor, porque no me acostumbraré jamás a un rostro arrugado ni a un pelo cano -soy consciente inconscientemente-, y buscaré en mi faz los detalles del pasado, quizás de estos momentos, o algunos posteriores, y pensaré: así que esto era la vida... Y no sé si lo comprenderé, como tampoco sé por qué me resulta tan enigmático el hecho de poder ser un octogenario curtido en mil vivencias. ¿Será la última parada la que proporcione las respuestas o aclare aquello jamás comprendido? Muchos no quieren vivir tanto, pero yo no pienso renunciar a ello, me parece abominable prescindir de una conclusión ideada para hacer de la vida algo con entidad y sentido. Es curioso, nadie nos enseña a envejecer, y sin embargo es de lo que mejor sabemos hacer...

sábado, 6 de enero de 2007

Música, silencio

Seguro que vuelve tu
voz, la única, reverberando
el beso tuyo. Si son melódicas
las últimas notas del recuerdo,
sabrán volver. Y mientras,
se esmera en crepitar la
quietud, y me añades al
pensar nuevos caminos,
inciertos, serpenteando por
mí. Pero no queda nada, no,
nada -van a estrellarse las
músicas del alma- ¡Qué
olvidado ya su musitar,
su rumor sellado!
Todo es calma tormentosa,
el ruido mudo del tormento,
sí, todos los versos inútiles
que agotan el temblar del eco.
Y me empujas al silencio...

domingo, 31 de diciembre de 2006

Cuenta atrás...

Apenas seis horitas para un hipotético salto, y sigo sin notar nada. ¿Acaso entiende el universo de proporciones tan pequeñas? Lo dudo horrores. No me voy a repetir con los planteamientos alusivos a la uniformidad de nuestras vidas, pero sí aprovecharé esta celebración coyuntural para haceros llegar mis mejores deseos. Al año que ahora expira, a modo de despedida general, le digo: Y a este que en breve estrenaremos le pido un poco más de benevolencia, simple y llanamente. Lo cierto es que si ponemos un poco de nuestra parte todo irá algo mejor, y si nuestra condición de estúpidos humanos con tendencias de autoflagelación nos lo permite, tal vez consigamos ser más felices, o menos desdichados. Esta noche, tragad junto al cava y las uvas el puto orgullo que tan horribles nos vuelve, y si podéis, también todos esos innecesarios defectos que nos son inherentes de nacimiento. El problema es la disposición a hacerlo; nos sentimos más dichosos guardando todo ese detritus en nuestro interior. Yo, por mi parte y aunque sea en vano, continuaré obviando los sentimientos irracionales y viscerales, al menos los negativos, por si sirviera de ejemplo a alguien. Todos deberíamos probarlo y empezar a mirar más allá de nuestros apéndices nasales. Si algo ha de traernos el año nuevo, espero sea conciencia, y que de una vez por todas dejemos de comportarnos como mandriles y miremos un poco más por el prójimo. Hagáis lo que hagáis, os deseo un formidable 2007 a todos y cada uno de vosotros. Espero seguir teniendoos cerca y aguantándome como yo os aguanto a vosotros de tan buena gana, y aunque todos tengamos lo nuestro, siempre serán minucias en comparación con lo que una amistad pueda llegar a superar. Si tanto nos gusta cambiar las cosas el uno de enero, hagámoslo, pero para progresar, no demos más pasos atrás, que ya hemos dado bastantes. Sólo era eso, comunicaros mi ferviente disposición a que sigamos juntos y revueltos por muchos años.

Feliz año

martes, 26 de diciembre de 2006

¡Socorro, 25 de diciembre fun fun fun!

Estoy a punto de hacer algo terrible... No, eso no mentes enfermas, juré dejar la autopsias caseras y lo mantengo. Es algo peor... ¡ponerme a escribir sin saber qué escribir! Por lo tanto no me responsabilizo de lo expuesto desde esta línea hasta el final, a sabiendas de que sólo serán largas letanías de incongruencias salidas directamente de mi macabra y enferma testa, como me suele decir Cobitu amparado en buenas dosis de razón. El caso es que no podía sellar los párpados y menos conciliar un sueño por estar aun lleno de los víveres navideños -de un banquete espléndido, eso sí-, y me vine aquí a aliviar la mente un poco, pues sostengo la teoría de que si no podemos dormir es debido a un exceso de pensamientos (probadlo, pensar mucho retrasa el sueño tanto como la luna un reloj de sol). Si a eso sumamos un exceso de comida en el sistema digestivo, es la hecatombe, pero no veía sentido a vomitar dichos manjares casi deglutidos (mis digestiones navideñas abarcan horas y horas) pudiendo regurgitar en su lugar todas esas cosas absurdas que revolotean errantes en mi testa. ¡Diablos, otra vez esta palabra! ¿Tendrá algo que ver su origen con el de la palabra testículos? Es muy probable, en el fondo éstos son un par de pequeñas cabezas golpeándose entre sí al ritmo del caminar, como dos siameses en una cama elástica. A propósito, ¿se dice un siamés o dos siameses? Un siamés es inconcebible, no se puede estar pegado a uno mismo (bueno los narcisistas sí, pero esos no cuentan) y dos siameses en realidad son una misma cosa, o sea, un siamés... bueno no importa. ¡Qué lío!. Como veis, mi insomnio tiene un fundamento evidente. ¿Quién podría dormir con este tipo de cuestiones rondándole por dentro? Además, creo que aun no digerí el almuerzo, no puedo volver a las vastas llanuras de mi lecho hasta haberlo hecho (¡vaya una rima más estupenda!). Acabo de percatarme de que casi todo se duplica durante el día de Navidad: comemos el doble, tenemos el doble de familiares a alrededor, aparcamos en doble fila... y al no poder pegar ojo el día en sí se nos hace el doble de largo. Y no me siento doblemente dichoso (aunque tampoco desdichado) pero sí noto la panza el doble de prominente. Total, da igual, el día uno me apunto a un gimnasio y listo (náuseas, ajjj). ¡O mejor! Crearé mi propia marca de dulces, la llamaré "El metabolismo", así cuando me llamen gordo podre decir aquella famosa excusa de: ¡No, es que tengo mi propia marca de dulces! Hablando de gordos, sigo siendo pobre tras haber sido ignorado por la lotería navideña, y posteriormente por Papá Noel, o mejor dicho, Papá cruel. Sí, el maldito ha pasado por mis dominios, pero no ha dejado el desfibrilador ni el pase VIP a la mansión Playboy que le solicité en mis epístolas impregnadas de plutonio 210. Ha cometido la osadía de abandonar bajo el árbol una granada sin anilla y un cocodrilo antropófago... ¡sabiendo perfectamente que odio el color verde! Buf, es increíble, aunque sea republicano me voy a pasar a los Reyes Magos, cuyos nombres aun recuerdo: el rey Arturo, el rey Midas y el rey Guetón. Bueno, voy a dejar de escribir, no quiero dar más razones para que me clausuren el blog ni para reingresar en el frenopático. Además, ¡tengo un telegrama urgente para Mr.Rock! Lo dicho queridos míos, ¡feliz navidad! Digo...¡¡socorro!!P.D#1.-No he tomado barbitúricos, sustancias alucinógenas ni ningún otro tipo de estupefaciente, soy así de nacimiento, aunque qué os voy a contar a estas alturas...
P.D#2.- No, el de la foto no soy yo.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Hasta el rabo todo es toro

Pues ya casi expira otro año, y nosotros, como buenos humanos, sostendremos la categórica estupidez de que todo cambiará al inaugurar el 2007. Nuestra simplicidad es alarmante, y cada vez más. No contentos con esto, encontraremos en el tránsito al séptimo año del milenio recién nacido la excusa idónea para emprender cualquier asunto (o reemprender). A los ya clásicos "voy a dejar de fumar", "me apuntaré a un gimnasio y además iré", "este año estudio a muerte" o el terrible "a partir de enero seré mejor persona" se les unirán otros menos conocidos, como el de "dejaré de estafar a Hacienda", "no volveré a mear en la ducha" o "en 2007 daré propina al que toca el violín en el metro". Visto desde este prisma, resultamos una especie un tanto predecible. Sí, está bien marcarse metas y objetivos, pero no tener fuerza de voluntad para establecerlos en cualquier momento y después incumplirlos por sistema es deleznable, la verdad. ¿Acaso algo nos asegura que el uno de enero hallaremos por ciencia infusa esa motivación? ¿Qué nos certifica un nuevo año mucho más llevadero y fructífero? Nada de nada. Aquellos a quienes se les haya atragantado 2006 -como a un servidor- deben de estar deseando su fin, pero sintiéndolo mucho, lo más probable es que nada cambie a corto plazo. Y si os sucede lo contrario, mi más sincera enhorabuena. En fin, de todos modos espero que ciertos aspectos mejoren paulatinamente en nuestras vidas, sea ahora, el próximo mes o en primavera. Aun es pronto para hacer el balance definitivo del presente año, mejor hagámoslo en la onomástica del amigo Silvestre, que como bien dicen por ahí, hasta el rabo todo es toro...

viernes, 1 de diciembre de 2006

Despedida

Hay que joderse. Estaba preparando un post con la música como telón de fondo -que pensaba escribir este mismo fin de semana-, pero me veo obligado a redactar antes este otro, que desgraciadamente también versa sobre el tema musical.
Nada más llegar a casa leí un dato horrible sobre una noticia que vi esta misma mañana leyendo el periódico en el tren. No le presté apenas atención; trataba sobre un accidente de moto ocurrido ayer, uno de tantos, en el que murió un hombre cuya identidad no se desvelaba. Sin embargo, hace poco terminé de saber que el motorista accidentado era Alberto Madrid. Muchos no sabréis quien era, pero si conoceréis su entorno de trabajo. Alberto fue el baterista de la banda madrileña Sôber (una de las pocas de su género con éxito comercial en España). Actualmente tocaba con Savia, junto a Carlos Escobedo, ex-vocalista de Sôber.
Leí la noticia y, la verdad, me jodió muchísimo y sentí una gran pena. No tuve la suerte de conocer a Alberto personalmente, pero sí disfrute de su talento en directo hace unos años, cuando Sôber ofreció un concierto en Majadahonda. Recuerdo en especial un solo de batería que me puso los pelos de punta. Todos lo aplaudimos con rabia, tras quedarnos anonadados oyéndole. Alberto era uno de lo más grandes bateristas españoles, sin duda alguna.
¿Cómo se puede lamentar una pérdida con una relación inexistente? Evidentemente, no es igual que perder a alguien cercano -ese dolor se sitúa en otra dimensión- pero de algún modo mi vínculo con Alberto existía, aunque él lo desconociese. Si bien no podía admirarle como persona -y no dudo de su calidad humana- sí lo hacía como músico. ¿Cuantas veces habré intentado imitarle, baquetas en mano? Innumerables. Me encantaban y siguen encantando sus ritmos. Como es lógico, de mi batería no se desprendió jamás la magia que él lograba extraer de la suya. Alberto era un virtuoso, eso es innegable. Tal vez por dedicarnos al mismo instrumento, o por la humildad con que llevaba ser uno de los grandes artistas del panorama musical, siento profundamente la muerte de Alberto Madrid.

No he visto rastro alguno en los medios de comunicación sobre esta triste despedida (he visto varios periódicos e informativos), así que tengo una razón más para publicar esta carta de adiós. ¡Ah, qué distinto habría sido de haber muerto Bustamente, Dani Martín o cualquier otro "músico" de pacotilla que no le llegaría ni a los tobillos! Lo de este país ya roza lo lamentable. Por lo menos, los que apreciabamos su trabajo o al menos la música de verdad, sentiremos no volver a escucharle o verle disfrutando sobre el escenario. Una verdadera lástima.

Allí donde estés, Alberto, un fuerte abrazo.

Descansa en paz.