Ostentará, seguramente durante mucho tiempo, un récord erigido sobre tristes cimientos. ¡Cuántos se han ido ya, cuántos yacen aun bajo el sustrato, sus cuerpos exánimes y corruptos! Tantos años que ahora parecen pocos, años que por fortuna han hecho asimilable la pérdida, por naturalidad. Cada cual podría encajar el golpe de una forma distinta. ¿Qué dirían algunos, al azar, cómo lo percibirían? Ejemplos:
Vicente Aleixandre: Y acabó el bogar de la ya no viva cobaya o coneja o compañera desmelenada.
Carpanta: ¡Ha muerto, la pobre! *
*(Una boca menos que alimentar y más carne en el cocido...)
Barriobajero: ¡Me se ha morido la rata!
En otros términos, el otro día falleció nuestra sufridora cobaya Margarita. No es noticia que una mascota fine en mi casa, pero este caso es distinto, pues como digo ella ha estado con nosotros más que cualquier otro animal, y ha sido la primera en morir cuando la naturaleza ha ordenado, de pura vejez. A más años de compañía más se suele echar de menos al ausente, innegablemente, pero ¿acaso no aplaca un poco el dolor saber que era realmente inevitable? Será raro no oírla chillar pidiendo su dosis de lechuga, lo extrañaremos, y no obstante la nostalgia se confundirá con una sonrisa al recordar todo el tiempo que nos acompañó, aunque a veces no le hiciéramos excesivo caso. Fue peor el atropellamiento de mi último perro o el suicidio despendolado de mi primera hurona, porque no era el momento ni nos lo esperábamos.
La última semana asistimos a su pérdida de apetito, su lánguida expresión tras los barrotes, sus nulas ganas de moverse. Sí, se veía venir, y eso ayudó a edulcorar el mal trago. ¿Qué podíamos hacer, sino esperar? ¿Duele la muerte por edad en un roedor, duele acaso en los humanos? ¿Sufrió? ¿Suplicaba tal vez algún tipo de eutanasia con aquellos ojos vidriosos que apenas lograban sostener una mirada? Ella sabía mejor que nadie la proximidad de la última estación. Cuando acariciaba con el dedo índice el remolino de su cabeza ya no temblaba. Antes sí, a veces de miedo a veces de gozo -no distinguía entre una y otra sensación, pero sé que no era siempre la misma-. Ni siquiera... ¿cómo se llama el ruido que hacen las cobayas? Bueno, digamos que no emitía sonido alguno. Daba lástima contemplar su cuerpo apagado, pues sin duda conservaba intactas las ansias de corretear y mordisquear el bebedero. Si he de pasar por ese estado antes de irme, espero sea descaradamente efímero.
El sepelio fue discreto. Como dije antes, por toda mi asilvestrada parcela hay mascotas enterradas: hamsters, jerbos, cobayas, erizos, tortugas... Algunas fueron sepultadas cuando ni siquiera habían construido la casa; llevan aquí más tiempo que yo. Reconozco que no me acuerdo de dónde están la mitad de ellas. A Margarita, en cambio, la enterramos en un sitio que difícilmente olvidaremos, bajo un improvisado mosaico de grava y flores arrancadas que se marchitaron al poco en señal de duelo. Por alguna extraña razón, las margaritas que depositamos fueron las últimas en quebrarse. Afortunadamente, el sol lució en todo momento sobre nosotros, manteniendo alejada a la lluvia que habría hecho demasiado deprimente el rito funerario. Y así nos despedimos de ella, sin la tristeza de un óbito inesperado, aunque sí con la desazón que nos produjo verla sometida al atroz rigor mortis. Pero eso forma siempre parte del plan de Tanatos.
3 comentarios:
Personalmente, los animales de compañia no son lo mio, primero pq los obligo a vivir bajo mis reglas, segundo pq me obligo a verlos morir.
No diré que lo sienta por tu cobaya pq no será verdad, si siento que sufriera pero, cuando a lo largo de su vida no sufrió? Mejor un amargo final a amarguras sin fin.....
RIP
(Por otro lado, la entrada está la mar de bien....me gusta cuando hablas de la muerte..parece que te inspira más, o soy yo quién se vuelve mas receptiva?)
Sin duda, de hecho llevaba una vida demasiado sedentaria y aburrida. Por lo general es un coñazo ser un animal, pero es lo que le toca a cada uno. Cuando se saltan tus reglas y te tiranizan, entonces te cansas de ellos.
La verdad es que sí, ultimamente me inspira cantidad, es como si la viera por todas partes, pero bajo mil máscaras distintas. Aun así, no tengo prisa por levantarlas todas.
pobre margarita, con lo maja que era, y uso que solo la vi una vez me parece. me gustó como lo has cotado, si margarita pudiese leerlo seguro que le habria gustado
estuvimos mirando para regalarte algun animalito pero ya habias tenido todos, aunque bonsais tambien... Mo es especial:D
mua
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